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jueves, 18 de diciembre de 2025

Ecuador no debe convertirse en un campo de batalla:

 


Ecuador no debe convertirse en un campo de batalla:

por Germánico Vaca

Un llamado a la soberanía, la prudencia y la supervivencia nacional

Ecuador ha sido arrastrado a un juego geopolítico extremadamente peligroso y hoy se encuentra ante una encrucijada histórica. En un contexto de creciente inestabilidad global —marcado por tensiones entre grandes potencias, conflictos indirectos y una escalada militar sostenida— toda decisión relacionada con el territorio nacional, la cooperación militar y la presencia de fuerzas extranjeras conlleva consecuencias que pueden ir mucho más allá de sus justificaciones oficiales.

Este no es un momento para la improvisación, la ingenuidad ni el silencio.

El pretexto ignorado y la historia deliberadamente omitida

Existen antecedentes económicos, políticos e históricos que están siendo sistemáticamente ignorados por Donald Trump para justificar una confrontación abierta contra Venezuela con el objetivo de apoderarse de sus recursos naturales. La evidencia histórica demuestra que muchos de los tratados de explotación firmados en décadas pasadas por multinacionales estadounidenses no fueron el resultado de acuerdos libres y soberanos, sino de intervención directa de la CIA, amenazas a gobiernos democráticos y la fabricación de regímenes obedientes en América del Sur.

El caso del tratado de Texaco con Ecuador —treinta años de explotación petrolera a cambio de tres centavos de dólar por barril— es un ejemplo emblemático. Casos similares ocurrieron en Venezuela y otros países de la región. Pese a ello, Donald Trump ha tenido la osadía de afirmar que es Venezuela quien “robó” recursos a los Estados Unidos, invirtiendo completamente la responsabilidad histórica.

Esta narrativa no es ignorancia: es manipulación peligrosa.

Manta: una decisión que exige escrutinio nacional urgente

Bajo este contexto, la decisión del presidente Daniel Noboa de permitir el uso de la base militar de Manta por fuerzas armadas de los Estados Unidos, amparándose en el argumento de “ejercicios temporales”, exige un escrutinio nacional inmediato.

Colombia ya alberga nueve bases militares estadounidenses activas. Sin embargo, el presidente Gustavo Petro ha sido claro en que no autorizará el uso de esas bases para atacar a un país hermano. Resulta entonces legítimo preguntar:

  • ¿Por qué Estados Unidos no utilizó esas bases para asistir al Ecuador en la lucha contra el narcotráfico?

  • ¿Por qué Manta reaparece en escena precisamente cuando Washington necesita una plataforma operativa contra Venezuela?

La respuesta es evidente. No se trata de entrenamiento.

La experiencia histórica demuestra que la base de Manta fue utilizada previamente para fumigaciones, operaciones regionales y como plataforma logística para la posterior expansión militar en Colombia. Hoy, bajo un nuevo pretexto, se intenta reactivar el mismo patrón.

Preguntamos directamente al Congreso de los Estados Unidos, al Pentágono, a la administración Trump y a figuras como Marco Rubio:
¿ignoran acaso que existen nueve bases militares en Colombia?
El argumento de “ejercicios temporales” resulta tan inverosímil como ofensivo.

Esto no es ideología: es supervivencia

No se trata de izquierda ni derecha.
No se trata de simpatías políticas.

Se trata de soberanía, seguridad nacional y supervivencia del Estado ecuatoriano.

Si el ejército estadounidense paga más de 2.500 millones de dólares a Italia por el uso de bases militares, el presidente Noboa tiene la obligación de explicar públicamente cuánto pagará Estados Unidos por utilizar Manta. Si el propósito es participar —directa o indirectamente— en una guerra ilegítima, el costo mínimo debería ser equivalente, aunque ningún monto justifica el riesgo existencial que se impone al país.

Por qué Manta es una señal de alerta crítica

Desde una perspectiva estrictamente militar, no existe ninguna necesidad estratégica de utilizar territorio ecuatoriano para ejercicios rutinarios. La ubicación de Manta —costa del Pacífico, proyección inmediata hacia el norte de Sudamérica— la convierte en un activo ideal para operaciones regionales activas.

Dicho con claridad: Manta puede ser utilizada para atacar a Venezuela. Y entonces debemos preguntar. ¿Cuanto va a pagar Estados Unidos por usar la base? 

Estados Unidos paga a Italia la cantidad de $2,500 millones de dólares anuales por usar una base militar. Creo que sería justo que pague una cantidad similar a Ecuador si va a usar dicha base militar para llevar a cabo operaciones militares, porque temporario no es, al menos que se acepte el concepto que una guerra contra Venezuela es "un ejercicio temporario". 

Ecuador no debe ser arrastrado a una guerra regional

Una acción militar contra Venezuela no sería un conflicto bilateral. Venezuela mantiene vínculos estratégicos con Rusia, China, Irán y otros actores globales. En un escenario de escalada, la represalia no se dirigiría al territorio continental de los Estados Unidos.

Se dirigiría a:

  • Bases operativas avanzadas

  • Centros logísticos regionales

  • Países anfitriones percibidos como colaboradores

Es decir: Ecuador se convertiría en objetivo militar legítimo.

Los misiles no caerían sobre Washington.
Caerían sobre Manta y territorio ecuatoriano.

Esto no es alarmismo.
Así funcionan los conflictos indirectos.

El mandato democrático ya fue expresado

El pueblo ecuatoriano ya decidió.

En la consulta popular, los ecuatorianos votaron NO a la presencia de bases militares extranjeras. El mandato fue claro, directo y sin ambigüedades. Intentar evadirlo redefiniendo una base como “uso temporal” constituye una violación al espíritu democrático y una erosión grave de la legitimidad institucional.

La historia importa

América Latina no aborda la presencia militar extranjera con ingenuidad. Nuestra región ha pagado un precio altísimo por acuerdos “temporales” impuestos bajo presión.

Ecuador lo sabe bien:

  • El Protocolo de Río de Janeiro (1942) significó pérdida territorial bajo supuestas garantías internacionales.

  • Posteriormente, concesiones petroleras en zonas fronterizas fueron entregadas a corporaciones vinculadas a países garantes.

  • Patrones similares se repitieron en Venezuela y otros países.

Ignorar esta historia no es pragmatismo. Es negligencia.

La soberanía económica también está en riesgo

Decisiones internacionales que limitan la capacidad del Ecuador para explotar sus propios recursos —mientras actores externos continúan haciéndolo con tecnologías avanzadas— plantean serias dudas de equidad y coherencia.

La protección ambiental y los derechos indígenas son fundamentales.
Pero su aplicación selectiva que debilita únicamente al Ecuador no es justicia: es asimetría.

Una nación despojada de sus recursos es una nación despojada de su futuro.

Neutralidad es fortaleza

Ecuador no necesita enemigos.
Ecuador no necesita elegir bandos.

Su fortaleza reside en la neutralidad, la diplomacia y la soberanía.

El presidente Noboa tiene la responsabilidad histórica de:

  • Garantizar que el territorio ecuatoriano no será usado para operaciones ofensivas

  • Respetar el resultado de la consulta popular

  • Reafirmar la prohibición constitucional de bases extranjeras

  • Defender los intereses económicos del país

  • Evitar que Ecuador se convierta en daño colateral de una guerra ajena

Conclusión: una línea que no debe cruzarse

Ecuador es una nación pacífica.
Pero la paz exige previsión.

La historia demuestra que los países pequeños pagan el precio más alto cuando se convierten en plataformas de conflictos entre grandes potencias. Cuando los misiles vuelan, las disculpas llegan demasiado tarde.

Esto no es antiestadounidense.
Esto no es pro ninguna potencia extranjera.

Esto es pro Ecuador.

El costo no lo pagarían los políticos.
Lo pagaría el pueblo ecuatoriano.

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