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miércoles, 21 de enero de 2026

DECLARACIÓN pro–dignidad, pro–soberanía y pro–responsabilidad histórica.

 


DECLARACIÓN pro–dignidadpro–soberanía y pro–responsabilidad histórica.

Advertencia y llamado histórico a la integración suramericana

Por Germánico Vaca

La ola de proteccionismo comercial iniciada por Estados Unidos, mediante la imposición masiva de aranceles, ha dado origen a una guerra económica no declarada que hoy invade al mundo entero. Sus efectos ya no se limitan al comercio bilateral: están comenzando a fracturar deliberadamente los pactos regionales, incluyendo Mercosur y el Pacto Andino.

Y esto no es accidental.

La fragmentación de los acuerdos regionales beneficia directamente a Estados Unidos, porque debilita las transacciones entre países miembros, destruye economías de escala y elimina la capacidad de negociación colectiva de las naciones latinoamericanas.

Históricamente, la Comunidad Económica Europea utilizó el proteccionismo frente a terceros países como mecanismo defensivo. Hoy, sin embargo, el proteccionismo estadounidense se utiliza como arma ofensiva, no para proteger a su pueblo, sino para empobrecer a otros pueblos.

La pregunta que debemos hacernos, con absoluta honestidad intelectual, es esta:

¿Qué pretende realmente Donald Trump?

Si analizamos en conjunto sus políticas —no aisladamente— el resultado es inequívoco:
un plan sistémico de asfixia económica contra las naciones latinoamericanas y contra cualquier forma de integración regional autónoma.

Los mecanismos de asfixia son claros:

  1. Deportaciones masivas
    Millones de trabajadores indocumentados son expulsados, reduciendo drásticamente las remesas de las que dependen muchas economías latinoamericanas, mientras se devuelve a miles de personas a países que no han tenido tiempo ni recursos para absorber esa fuerza laboral.

  2. Incremento simultáneo del desempleo y la conflictividad social
    El retorno forzado de ciudadanos, sin planes de reinserción productiva, incrementa el descontento popular, la inseguridad y la presión social interna.

  3. Restricción del acceso a mercados
    Mientras se bloquean exportaciones latinoamericanas mediante aranceles, se exige a los mismos países que compren más productos estadounidenses, profundizando déficits comerciales estructurales.

  4. Desmantelamiento de mecanismos de apoyo financiero
    Los recortes a USAID, al BID y a otros programas de asistencia constituyen, en la práctica, una guerra frontal contra la capacidad de desarrollo regional.

  5. Ataque directo a los pactos regionales
    Los acuerdos como el Pacto Andino existen precisamente para lo contrario de lo que hoy se intenta imponer:
    normalizar aranceles entre socios, facilitar el comercio intra-regional y fortalecer la integración.

Esto explica por qué estas estructuras son ahora un objetivo.

La instrumentalización de líderes locales

El proteccionismo estadounidense se ha transformado en un mecanismo de manipulación política indirecta.
Ya no es necesaria la intervención abierta de agencias de inteligencia: basta con explotar los egos y las ambiciones de políticos de turno dispuestos a doblegarse ante Washington.

Así, decisiones que no benefician en absoluto a las naciones —como la imposición de aranceles del 30% a un socio del Pacto Andino— se presentan falsamente como “medidas soberanas”, cuando en realidad violan acuerdos regionales y favorecen intereses externos.

El caso de imponer aranceles a Colombia no rompe solo el comercio:
rompe décadas de integración y abre brechas diseñadas para destruir el bloque subregional desde dentro.

El peligro mayor: el colapso monetario global

Todo esto ocurre en el peor momento posible para la economía mundial.

Hoy debemos decirlo sin eufemismos:
no existe forma alguna de salvar una moneda que ha perdido la fe de la gente.

Y en las últimas semanas han ocurrido hechos que ningún país latinoamericano puede ignorar:

  1. Estados Unidos no logró refinanciar más de 9.4 trillones de dólares en bonos vencidos mediante compradores soberanos tradicionales.

  2. Bancos sistémicos como Bank of America y Wells Fargo han estado al borde de la insolvencia.

  3. Las amenazas militares y territoriales han forzado a Europa, China, Rusia y el bloque BRICS a reconfigurar radicalmente sus estrategias económicas y geopolíticas.

Negar esta realidad no es prudencia: es suicidio estratégico.

La conclusión inevitable: el Bloque Suramericano

Hoy, más que nunca, las naciones de Suramérica deben integrarse en un bloque económico propio, no por ideología ni por antagonismo, sino por supervivencia histórica.

Porque los hechos son incuestionables:

  1. Nadie en el mundo puede formar un bloque más poderoso que Suramérica.

  2. Suramérica concentra más del 50% de los recursos naturales estratégicos del planeta.

  3. Una moneda respaldada por esos recursos sería más sólida que cualquier moneda fiduciaria existente.

  4. No necesitamos depender del dólar, del yuan ni de ninguna otra moneda externa.

  5. Las regalías, normas ambientales y marcos legales deben ser uniformes y justos.

  6. Es imperativo firmar un pacto de protección continental contra la usurpación de territorios, recursos y pueblos.

Este llamado integracionista no es antiestadounidense.
Es pro–dignidad, pro–soberanía y pro–responsabilidad histórica.

No somos “shithole countries”.
Vivimos en las regiones más ricas, hermosas y fértiles del planeta.
Nuestra pobreza no es natural: es estructuralmente impuesta.

Esta propuesta no es solo un plan económico.
Es un acto de independencia real, y por esa misma razón será atacada, distorsionada y combatida.

Por ello, exhorto a que cada universidad, cada gobierno y cada institución copie, estudie y preserve este plan.
Porque cuando una idea amenaza un sistema injusto, el sistema no intenta debatirla: intenta destruirla.

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