Cuando las naciones celebran su propia pérdida: un llamado al reconocimiento de patrones
Introducción: la paradoja silenciosa de la política moderna
En todo el mundo se repite una paradoja inquietante: pueblos enteros celebran públicamente acciones que, de forma objetiva, reducen su soberanía, su riqueza o su bienestar a largo plazo. Estos episodios no son anomalías aisladas ni se explican adecuadamente apelando a la estupidez o a fallas morales individuales. Son señales de patrones más profundos y recurrentes en la manera en que los seres humanos procesamos el poder, la identidad y la información.
Este artículo no sostiene que la humanidad sea intrínsecamente irracional ni que las sociedades estén controladas por conspiraciones omnipotentes. Propone algo más sobrio y más útil: desarrollar conciencia de patrones de comportamiento reconocibles que, cuando se activan, llevan a poblaciones enteras a respaldar resultados contrarios a sus propios intereses materiales.
Reconocer estos patrones no es un acto de cinismo. Es un requisito para la madurez colectiva.
El caso CITGO: un hecho, interpretaciones opuestas
La apropiación de CITGO —la red de refinerías, oleoductos y estaciones de distribución de Venezuela en Estados Unidos— ofrece un ejemplo claro. En términos fácticos, CITGO era un activo estratégico propiedad del Estado venezolano y por tanto de todos los Venezolanos. Su pérdida o más bien dicho el robo de dichas refinerias implicó la transferencia de miles de millones de dólares en infraestructura e ingresos fuera del control del pueblo venezolano. Dos refinerías, cientos de millas de oleoducto, más de 9.000 gasolineras y varios buques cargueros de petróleo.
Sin embargo, ocurrió algo notable: muchos venezolanos, incluso quienes sufrían directamente el colapso económico, celebraron o defendieron esta apropiación. El hecho fue reinterpretado no como despojo, sino que Estados Unidos lo hizo aparecer como justicia moral: un castigo legítimo contra un enemigo político.
La observación central no es si se apoya o se rechaza al gobierno venezolano. El punto clave es cómo una pérdida material fue cognitivamente invertida y presentada como una victoria moral.
Ese es el patrón que merece ser examinado.
Cuando la identidad desplaza a los hechos
Los seres humanos no procesamos la información política como observadores neutrales. Lo hacemos a través de filtros identitarios:
afiliación política,
autoimagen moral,
pertenencia grupal,
miedo a la exclusión social.
Cuando un hecho amenaza la identidad, suele ser reinterpretado o descartado, independientemente de su veracidad. En esas condiciones, la mente prioriza la coherencia psicológica por encima de la realidad material.
Así, la pérdida de activos nacionales puede percibirse como aceptable —incluso deseable— si refuerza la lealtad al grupo o la alineación ideológica.
Este mecanismo no es exclusivo de Venezuela. Opera a escala global.
La repetición del patrón: la ilusión de elección en las democracias modernas
Dinámicas similares aparecen en muchos países, incluidos Estados Unidos. Elecciones, narrativas mediáticas y decisiones institucionales son cada vez más filtradas por lealtades simbólicas en lugar de evaluaciones prácticas.
Cuando se defiende a líderes pese a una incompetencia evidente, faltas éticas o deterioro cognitivo, la defensa rara vez se basa en evidencia. Se basa en el miedo:
miedo a parecer débiles,
miedo a empoderar al grupo opositor,
miedo a perder anclas identitarias.
En estos contextos, remover a un líder fallido se presenta como señal de debilidad nacional, aun cuando mantenerlo deteriore visiblemente las instituciones.
Una vez más, el patrón se repite: la protección de la identidad a corto plazo se impone al interés nacional de largo plazo.
No son fallas morales: son patrones cognitivos
Es tentador calificar estos comportamientos como ignorancia o corrupción. Esa explicación resulta emocionalmente satisfactoria, pero es analíticamente débil.
Lo que observamos son tendencias humanas previsibles:
alineación tribal que supera la evaluación de hechos,
respuestas de miedo que anulan el razonamiento deliberativo,
sistemas de recompensa social que privilegian la conformidad sobre la verdad,
preferencia por narrativas coherentes por encima de la precisión empírica.
Estas características evolucionaron para la supervivencia en grupos pequeños. En sociedades grandes y saturadas de medios, se convierten en vulnerabilidades.
El peligro no reside en estos rasgos en sí, sino en sistemas que los explotan de manera recurrente.
Por qué la conciencia suele ser castigada
Las personas que comienzan a notar estos patrones a menudo enfrentan resistencia social. Cuestionar la narrativa dominante puede generar acusaciones de deslealtad, extremismo o falla moral.
Esto no ocurre porque las sociedades castiguen conscientemente la lucidez,

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