Derechos Reservados

©Todos los Derechos Reservados: El contenido de este blog debe ser respetado. Quien copie o utilice estas ideas sin consentimiento o sin notificar al autor, será enjuiciado en cuanto la ley permita en Estados Unidos.

sábado, 17 de enero de 2026

Proyecto Camelot y Socialismo XXI: Una Revolución Controlada


 Proyecto Camelot y Socialismo XXI: Una Revolución Controlada

Por Germánico Vaca

El Proyecto Camelot, un estudio de ciencias sociales patrocinado por el estamento militar sobre los procesos revolucionarios, fue descubierto y expuesto públicamente en 1965. Contrario a lo que se repite insistentemente en los medios de comunicación, el proyecto nunca fue realmente cancelado. Lo que ocurrió fue una reestructuración interna: Camelot fue absorbido y redistribuido entre distintas ramas del gobierno de los Estados Unidos, continuando su implementación a través del Departamento de Estado, la CIA, la NSA y otras agencias. De esta manera, logró evadir el escrutinio público en medio del debate nacional e internacional sobre sus implicaciones políticas.

Con el tiempo, Camelot evolucionó y se transformó en lo que hoy se conoce como Socialismo del Siglo XXI (Socialismo XXI). Cada uno de los objetivos formulados originalmente en el Proyecto Camelot fue finalmente ejecutado, revelando la profunda interconexión entre la política de la Guerra Fría, el patrocinio militar y las ciencias sociales estadounidenses. Ya en 2004, identifiqué esta transformación y predije con exactitud las acciones que Rafael Correa llevaría a cabo posteriormente. La evidencia no deja lugar a la casualidad. Hugo Chávez, Rafael Correa, Evo Morales y otros líderes siguieron con notable precisión el manual diseñado por el Proyecto Camelot.

Aunque en 1965 se desató una fuerte controversia pública y el gobierno estadounidense afirmó haber abandonado el proyecto, esto fue solo una retirada estratégica. La controversia misma —y sus consecuencias a largo plazo— subraya el papel central de los desarrollos políticos en lo que se presentó como una revolución epistemológica. El daño infligido por Estados Unidos a las naciones latinoamericanas a través de este proceso es atroz. Más grotesco aún es que hoy Donald Trump pretenda utilizar las consecuencias de este mismo proyecto como pretexto para justificar agresiones militares, invasiones y destrucción, alegando combatir un monstruo que Estados Unidos creó deliberadamente.


El Propósito y el Mecanismo del Proyecto Camelot

El Proyecto Camelot fue concebido originalmente como un estudio de ingeniería social patrocinado por el ejército, diseñado para simular y administrar procesos revolucionarios. Su objetivo no era simplemente comprender la insurgencia, sino controlar simultáneamente la revolución y la contrainsurgencia, fabricando una “revolución ciudadana” mientras se regulaban la ideología, la objetividad, los marcos SORO y la supuesta neutralidad de valores.

En la práctica, Camelot diseñó un socialismo falso, un modelo de izquierda controlado que se presentaba como un movimiento de soberanía nacional y control de recursos. Bajo este esquema, un gobierno títere proclamaba una revolución popular, impulsaba enormes proyectos de infraestructura supuestamente en beneficio del pueblo y contraía deudas masivas mediante préstamos onerosos. Estos proyectos eran adjudicados a corporaciones del establishment. Tras aproximadamente diez años, se promovía un “cambio político” que permitía a las mismas corporaciones comprar esa infraestructura por centavos y apropiarse de los recursos nacionales.

La corrupción generada por este modelo fue tan extrema que muchos proyectos nunca se completaron. Como resultado, el sistema colapsó en Venezuela, Ecuador, Bolivia y Argentina.


Continuidad de la Política Estadounidense y Actores Clave

Debe reconocerse que Elliott Abrams ha influido en la política de Estados Unidos hacia Venezuela desde la era neoconservadora del PNAC en 1998. Independientemente del gobierno de turno en la Casa Blanca, la dirección estratégica se mantuvo intacta. Esta continuidad moldeó decisiones políticas, agendas de investigación y estrategias de intervención en toda América Latina.

Cuando publiqué mi libro Conspiración en Latinoamérica en 2007, fue en gran medida ignorado. Sin embargo, todo ocurrió exactamente como lo predije. El argumento ya no es teórico: ha sido validado por los hechos. Hoy, el Proyecto Camelot —reempacado como Socialismo XXI— se utiliza cínicamente como justificación para promover una guerra contra América Latina bajo el falso pretexto de destruir el socialismo y el comunismo. En realidad, este “socialismo” nunca tuvo vínculos con Rusia; siempre estuvo conectado directamente con el Pentágono y las estructuras de inteligencia de Estados Unidos.


De Camelot a Socialismo XXI

El antropólogo Ralph L. Beals, figura clave del Proyecto Camelot, participó en la creación de este estudio militar sobre procesos revolucionarios en la década de 1960. Cuando el proyecto fue expuesto en 1965, las autoridades afirmaron que sería abandonado. Eso nunca ocurrió: solo cambió de nombre.

Camelot se convirtió en Socialismo XXI, un marco ideológico controlado por Estados Unidos. Esto se demuestra fácilmente con dos hechos concretos:

  1. Los medios de comunicación estadounidenses promovieron activamente a Hugo Chávez, Rafael Correa, Evo Morales y Fernández.

  2. Estados Unidos importó más bienes de estos regímenes supuestamente “izquierdistas” que de gobiernos que se presentaban como democráticos.

En el caso de Ecuador, por ejemplo, Estados Unidos compró casi el doble durante el gobierno de Correa que durante los de Lenín Moreno o Guillermo Lasso. Esto no es una anomalía; es exactamente lo que el Proyecto Camelot establecía.

El Proyecto Camelot fue el proyecto de ingeniería social más grande y costoso en la historia de Estados Unidos. Sus implicaciones imperialistas obligaron al gobierno a declarar públicamente su cancelación, pero la operación continuó bajo otra identidad. Hugo Chávez fue entrenado en secreto en Fort McNair para implementar el Socialismo XXI en Venezuela y exportarlo al resto de la región. El objetivo final era la destrucción interna de estas naciones para facilitar la apropiación de sus recursos en beneficio de Estados Unidos.


La Revolución Epistemológica

La revolución epistemológica que permitió este proyecto comenzó en la década de 1960. En su núcleo se encontraba un desafío al modelo positivista de las ciencias sociales de la posguerra, que proclamaba objetividad y neutralidad de valores mientras permanecía profundamente subordinado a intereses políticos.

Cuando se publicó el Socialismo XXI, este se presentó abiertamente como una “revolución científica”. La diferencia entre Camelot y Socialismo XXI fue principalmente formal: Camelot se disfrazó de investigación académica, mientras que Socialismo XXI se convirtió en un manual operativo que llamaba directamente a la acción política basada en las formulaciones de Camelot.

Hugo Chávez y Rafael Correa no fueron los creadores de este movimiento. No tenían la capacidad intelectual para diseñar una red tan compleja de política, patronazgo, ciencias sociales y manipulación económica. No fueron pensadores; fueron ejecutores entrenados.


Testimonio Personal: Fort McNair y Hugo Chávez

El Socialismo XXI irrumpió en la escena política con Hugo Chávez. Por coincidencia —o destino— obtuve confirmación directa de este proceso. Mientras trabajaba como profesor de inglés y administraba propiedades en The Colonies of McLean, alquilé apartamentos a varios oficiales militares sudamericanos, incluidos venezolanos y colombianos.

En una reunión social en 1999, conocí personalmente a Hugo Chávez. Él mismo me dijo que estaba siendo entrenado en Fort McNair. Nadie me lo contó: Chávez me lo dijo directamente.


Integración Militar, Académica y Corporativa

El Socialismo XXI fue diseñado utilizando técnicas de guerra psicológica orientadas a conquistar las mentes y corazones de la población. Sus raíces intelectuales se encuentran en las doctrinas de la Guerra Fría desarrolladas por el Departamento de Defensa y la RAND Corporation, incorporando teoría de disuasión, análisis de sistemas e investigación operativa, especialmente desde la economía.

Fundaciones privadas como Carnegie, Rockefeller y Ford financiaron el proyecto junto con agencias de seguridad nacional. Harvard, la Universidad de Columbia y el Center for International Studies del MIT desempeñaron un papel central. Rafael Correa incluso recibió un doctorado honoris causa de la Universidad de Columbia.

Esta fusión entre poder militar, académico y corporativo sostuvo al Proyecto Camelot y a su sucesor. El Socialismo XXI no fue un accidente: fue una operación coordinada.


El Complejo Militar–Industrial–Académico

El presidente Eisenhower advirtió en 1961 sobre el crecimiento del complejo militar–industrial. Hoy, esa advertencia se ha expandido hacia un complejo militar–industrial–académico–financiero. Empresas como Palantir realizan vigilancia masiva sobre los ciudadanos estadounidenses. BlackRock, Vanguard y State Street controlan la mayoría de las corporaciones vinculadas a la maquinaria de guerra y las tecnologías de defensa. Políticos, tribunales y presidentes actúan como marionetas de esta estructura.


Evaluación Final

El Socialismo XXI —alias Proyecto Camelot— fue diseñado para identificar actividad revolucionaria, fabricar insurgencias controladas y provocar guerras internas dentro de las naciones bajo la apariencia de liberación. Según documentos SORO, el proyecto apuntó específicamente a Bolivia, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú, Venezuela, Irán y Tailandia, con estudios comparativos en decenas de otros países.

A pesar de que en 1965 se afirmó que el proyecto había sido abandonado, todo lo que Camelot predijo y planificó se materializó en Venezuela, Ecuador, Argentina y Bolivia.

Estados Unidos ha quemado toda confianza. Sus intervenciones no han producido desarrollo económico real, solo destrucción. La postura actual de Donald Trump intenta capitalizar el caos creado por este proyecto como justificación para una nueva fase de agresión. Esa estrategia será repudiada.

La era del control ha terminado.

No hay comentarios: