La Gran Colombia: la retórica de la integración y la realidad del poder
Los pueblos de Sudamérica han fallado históricamente en analizar lo que ocurre detrás del telón del drama y la comedia que se les presenta en la farsa teatral de la política regional. En lugar de examinar el poder, la estrategia y la coerción, el público consume espectáculo. Mi intención es romper ese patrón y explicar lo que realmente está ocurriendo.
Se nos repite constantemente que la “noble idea de la Gran Colombia” debe ser revivida. Muchos no pueden —o no quieren— ver el propósito siniestro que se esconde detrás de esta propuesta. No se trata de un gesto romántico ni simbólico. Es una estrategia deliberada de división y una expresión clara de ambición económica agresiva.
Lo que se ignora de manera sistemática es el hecho más evidente: la sola propuesta de revivir la “Gran Colombia” implica necesariamente la eliminación de las fronteras de Ecuador y Venezuela. Negar esto no es ingenuidad; es deshonestidad intelectual.
1. Petro y la reactivación de la “Gran Colombia”
El presidente Gustavo Petro ha hablado públicamente de la “Gran Colombia” como una visión de integración política y económica regional. Históricamente, la Gran Colombia incluía a los actuales Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá. Petro presenta esta idea como un proyecto democrático, supuestamente basado en votaciones populares, coordinación institucional, ciudadanía compartida, integración comercial e incluso una posible alineación monetaria, y no como una anexión forzada.
Pero la pregunta real es otra: ¿por qué Petro viajó a Estados Unidos para mantener una reunión a puerta cerrada con Donald Trump?
La respuesta no es diplomacia simbólica. El objetivo fue presentar un plan inmediato para borrar las fronteras nacionales de Venezuela y Ecuador bajo el mandato —o al menos la tolerancia— de los Estados Unidos.
Esto no sería algo sin precedentes. Ecuador ya experimentó este tipo de coerción con el Protocolo de Río de Janeiro de 1942, cuando, bajo el pretexto de la Segunda Guerra Mundial y la supuesta urgencia de la paz, fue obligado a ceder casi la mitad de su territorio. Apenas meses después, las llamadas potencias garantes firmaron acuerdos para la exploración petrolera en lo que repentinamente pasó a llamarse “territorio peruano”.
La visión política de largo plazo de Petro —ya sea presentada como integración o como una confederación al estilo de la Unión Europea— tiene como objetivo final el control del inmenso patrimonio económico de múltiples naciones.
2. La narrativa de lo “simbólico” como escudo
La mayoría de los análisis dominantes insisten en que la retórica de Petro es meramente simbólica o aspiracional, no militarista. La falta de detalles concretos sobre su implementación se presenta como prueba de que no es más que retórica provocadora.
Ese argumento se derrumba con un mínimo de análisis.
Estamos hablando de un exguerrillero del M-19, una organización que buscó el poder mediante la violencia, los secuestros y la insurrección armada. Petro no es un idealista ingenuo. Es un exinsurgente que entiende que las armas por sí solas no garantizan el poder duradero. La manipulación sí.
Hoy Petro envuelve sus ambiciones en el legado de Simón Bolívar, evitando cualquier lenguaje explícito de coerción o anexión. Pero ni Ecuador ni Venezuela han manifestado interés alguno en ser liderados —o absorbidos— por un exmiembro del M-19 bajo un estandarte bolivariano romantizado.
3. La ilusión de la diplomacia
La estrategia de Petro se apoya en proyectar una imagen diplomática en lugar de confrontacional. A pesar de su historial de retórica antiestadounidense, la realidad es simple: Colombia ha dependido del financiamiento de Estados Unidos durante más de dos décadas, y Petro lo sabe.
Las reuniones entre Petro y Trump se describen como cordiales y centradas en la cooperación, especialmente en temas de narcotráfico y seguridad regional. El relato oficial insiste en que no existe ningún informe creíble sobre acuerdos secretos relacionados con los recursos de Ecuador o la eliminación de la soberanía venezolana.
Pero fuentes de inteligencia relatan una historia muy distinta.
4. Realpolitik, no fantasía
Los líderes políticos suelen utilizar imágenes históricas grandilocuentes para ocultar sus verdaderos objetivos. Esto no significa automáticamente que:
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la conquista militar sea imposible
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la soberanía esté garantizada
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no existan acuerdos encubiertos
El error que comete la mayoría es asumir que, porque algo no se declara abiertamente, no existe.
Petro aprendió hace mucho tiempo que la fuerza bruta fracasa. La manipulación política funciona. La “Gran Colombia” no es un sueño bolivariano; es un disfraz estratégico para consolidar el control sobre la enorme riqueza de Venezuela y Ecuador.
5. Lo que realmente está ocurriendo
Las dinámicas reales son las siguientes:
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La relación diplomática entre Petro y Trump se presenta como estabilizadora, pero en realidad ambos se utilizan mutuamente. Trump ve valor en el caos; Petro se lo ofrece.
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La retórica de la Gran Colombia es real. El objetivo es la unificación territorial para centralizar poder y riqueza.
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Se nos repite que “no hay evidencia” de acuerdos secretos. Esto refleja ignorancia estratégica, no realidad.
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La historia latinoamericana demuestra que las grandes operaciones geopolíticas —como el Plan Colombia— nunca se anuncian de forma transparente. Ese plan duró décadas, costó miles de millones y destruyó innumerables vidas.
6. La realidad en el terreno
Estados Unidos está activamente generando inestabilidad regional:
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Venezuela es coaccionada mediante sanciones y amenazas existenciales.
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Ecuador es sobornado con migajas económicas y accesos selectivos al mercado.
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Colombia es manipulada a través de la dependencia y la fragilidad del poder de Petro.
El narcotráfico, la migración y la seguridad fronteriza no son temas nuevos. Han sido explotados durante cincuenta años.
Sin embargo, los medios descartan preocupaciones legítimas como “temores infundados”, mientras promueven abiertamente la reactivación de la Gran Colombia, un concepto que por definición exige la eliminación de fronteras soberanas.
Afirmar lo contrario no es periodismo. Es propaganda.
7. ¿Por qué existe la narrativa de la Gran Colombia?
Se nos dice que las motivaciones de Petro son:
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cooperación regional
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estabilidad económica
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identidad histórica
Esto es absurdo.
Un guerrillero marxista no busca cooperación; busca control. Petro no es un pluralista. Es un absolutista. No se ha presentado ningún tratado concreto porque la coerción no comienza con documentos, sino con presión.
Petro comprende perfectamente el poder de presión que Estados Unidos ejerce sobre Ecuador y Venezuela. Ese poder ahora está siendo instrumentalizado.
Pretender que esto no está ocurriendo no es escepticismo: es ceguera voluntaria.

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